“La familia es lo más importante. Tenemos que mantenernos juntos y unidos por nuestros dos hijos”.

La frase es común. Hace unos días la pronunció  Marcela Pineda, la esposa del exviceministro  Carlos Ferro, en una entrevista radial, a raíz de un sonoro escándalo mediático.

La afirmación dejó en el aire otra   gran inquietud: ¿Es correcto mantenerse unidos a toda costa por los hijos? “Si la interpretamos desde la cohesión de un familia amorosa,  para el bienestar de todos, es lo más importante”, dice Ana María Gálvez, magíster en matrimonio y familia.

Pero si la frase es la cortina de humo que oculta las discordias de la pareja, todo cambia de sentido. Victoria Cabrera, docente investigadora del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, dice que el “mantenernos juntos y unidos por nuestros  hijos” se ha convertido “en una de las razones que sostiene a muchos  matrimonios”.

Argumenta que “es una frase común que surge por la dependencia económica, por la relación con la familia extensa, la culpa frente a los padres de la familia de origen o el qué dirán. Por  esas razones  muchos creen que deben mantener una relación, aunque sean matrimonios insatisfechos”.

Reconoce la docente investigadora que muchas familias “unidas” hoy se mantienen con este mismo argumento pues se pondera la estabilidad por encima de la propia felicidad. “Hay quienes solo  buscan que sus hijos tengan un papá o una mamá, así ellos no cuenten con un cónyuge al lado”.

Pero la cuota de sacrificio que se hace por el bienestar de los  hijos tampoco es una  decisión  acertada. “Eso  puede traer más situaciones desafortunadas que provechosas. Los hijos van a estar en el medio de una pareja con un enorme peso y costo emocional pues no sólo quedan a merced de los conflictos de pareja, sino que la falsa creencia de  que los hijos pueden lograr unirlos o “salvar” a la pareja puede deteriorar las relaciones entre padres e hijos, debilitar la confianza y la comunicación entre los miembros de la familia”, considera Sandra Rebellón, psicóloga escolar del Colegio Jefferson, de Cali.

Asimismo,  la pareja se condena a la infelicidad. “Si los miembros de la pareja deciden sostener el vínculo herido, triste, aburrido, a costa de su propia felicidad y desarrollo personal, todos pierden. Se pierde la oportunidad de ejercer valores como la libertad, la compasión, la solidaridad y el perdón. Se aprende a vivir hacia afuera, aparentando ser feliz, y esto arruga el corazón o lo endurece. Y los corazones endurecidos, tristes, apagados,  no brillan”, expresa Paula Echeverri, psicóloga experta en acompañamiento a la maternidad y paternidad, fundadora de www.naserfeliz.com

También ocurre que  la decisión de mantenerse es propia de quienes no saben cómo manejar la situación, son personas que están y no quieren estar o que sencillamente  tienen miedo a las consecuencias que se puedan generar y ponen a los niños como una excusa.

Para Echeverri, “muchas personas deciden quedarse unidas por miedo a sentir el dolor, por la angustia que genera dar el paso a los desconocido, por no saber cómo será la vida después, y por temor a enfrentar el rompimiento”.

Parejas felices, hijos felices

“En la medida en que los papás  se esmeren por tener una buena relación, satisfecha, de calidad, de compenetración,  eso va a beneficiar a los hijos”, dice Victoria Cabrera. “Antes de ser padres debemos saber quiénes somos como personas y  como pareja. No  podemos decir ‘Voy a ser un buen papá aunque esté en conflicto con mi pareja’.  Ser buen padre y buena madre, implica ser buena pareja. Un buen papá  ama a la mamá. Y la buena mamá ama el papá, para demostrarles a los hijos  el amor de  familia, que es donde ellos pertenecen”, afirma Ana María Gálvez. Para Sandra Rebellón “la estabilidad emocional de los hijos es el resultado de un ambiente con principios de convivencia como el respeto, el diálogo y la escucha”.

El lado bueno de las cosas

Detrás de una crisis o un conflicto, también hay ganancias para la vida. Ana María Gálvez dice que estas situaciones permiten mostrarles a los  hijos “que los adultos nos podemos equivocar, que buscamos soluciones y tratamos de construir una buena vida, a pesar de los conflictos. Eso les da un modelo de vida para enfrentar conflictos, no para ahogarnos en ellos”.

Cabrera indica que un buen referente conyugal permite que los hijos, cuando tengan una relación de pareja, entiendan sobre el perdón y cómo interactuar de manera asertiva. Y Paula Echeverri asegura que todo esto permite guiar a los hijos sobre la importancia de enfrentar la realidad por dura que sea y no vivir en el engaño.

Niños: el hombre de la casa

“Al decirles a los hijos ‘Tú eres el hombre de la casa’ o pedirle que duerma con papá o mamá para ocupar ese vacío que uno de los dos dejó en casa, obligamos a los hijos a ocupar un rol que no les corresponde. Eso puede traer consecuencias en la salud, por ejemplo, tenemos niños que desde muy pequeños sufren de gastritis y alergias que son somatizaciones de las disfuncionalidades familiares. A nivel emocional se aprecian niños que pasan a extremos de profundo ensimismamiento a la gran agresividad. Y ya adultos, al no tener un piso familiar armónico, les cuesta trabajo pertenecer a un grupo laboral o mediar conflictos”, explica Ana María Gálvez, magíster en familia.

Tomado de El Pais 28 febrero 2016

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